Una variedad mediterránea con siglos de historia
La Garnacha Tinta es mucho más que una variedad de uva. En el Priorat, es el alma misma del territorio, el hilo conductor que conecta generaciones de viticultores con una tierra dura pero extraordinariamente generosa. Conocer la Garnacha es entender el Priorat, su identidad y su manera única de hacer vino.
Originaria de la Corona de Aragón, la Garnacha se extendió por todo el Mediterráneo occidental durante la Edad Media. Desde la Península Ibérica llegó al sur de Francia, donde se la conoce como Grenache, y posteriormente a Cerdeña, donde recibe el nombre de Cannonau. Pero es en el Priorat donde esta variedad ha encontrado su expresión más pura y singular, gracias a la combinación irrepetible de licorella, clima y tradición.
Por qué la Garnacha ama la licorella
La relación entre la Garnacha y la licorella es una de esas alianzas naturales que parecen predestinadas. La licorella, con su pobreza en nutrientes y su capacidad de retención térmica, obliga a la cepa a desarrollar un sistema radicular profundo y extenso. La Garnacha, con su notable resistencia a la sequía y su capacidad de adaptación, responde a este desafío con una vitalidad extraordinaria.
Las raíces de las Garnachas viejas del Priorat pueden penetrar hasta veinte metros de profundidad, atravesando capas de pizarra y cuarcita para alcanzar reservas de agua subterráneas. Esta conexión profunda con el subsuelo es la que confiere a los vinos de Garnacha del Priorat su característica mineralidad, una huella del terroir que ninguna otra región puede replicar.
Además, la licorella actúa como un espejo térmico que refleja el calor hacia los racimos durante el día y lo libera durante la noche. Esto permite una maduración lenta y completa, esencial para desarrollar la complejidad aromática que caracteriza a la Garnacha del Priorat.
Perfil sensorial: qué encontrarás en la copa
Un vino de Garnacha del Priorat es una experiencia sensorial fascinante. A la vista, presenta colores entre el rojo rubí y el granate, con una intensidad moderada que puede engañar: detrás de ese color aparentemente ligero se esconde un vino de gran concentración y profundidad.
En nariz, la Garnacha del Priorat despliega un abanico aromático cautivador. Las notas de fruta roja madura, como la cereza negra, la fresa silvestre y la mora, se combinan con matices de especias dulces, como la canela y el clavo. Con el tiempo, aparecen aromas de garrigue, hierbas aromáticas mediterráneas, tabaco y tierra húmeda.
En boca, la Garnacha ofrece generosidad y calidez, con un cuerpo pleno pero elegante. Los taninos son suaves y redondos, la acidez equilibrada y el final largo y persistente, con un retronasal donde predominan las notas minerales y las frutas confitadas. Es un vino que abraza el paladar con ternura pero que deja una huella duradera.
Viñas viejas: el patrimonio más preciado
Una de las grandes riquezas del Priorat es su patrimonio de viñas viejas de Garnacha. Muchos de estos viñedos tienen entre 60 y 100 años, y algunos superan el siglo de existencia. Son auténticas supervivientes que han resistido guerras, plagas, abandonos y cambios climáticos.
Las viñas viejas producen cantidades ínfimas de uva, a menudo menos de un kilogramo por cepa. Pero la calidad de esa uva es superlativa: cada baya es un concentrado de sabores, minerales y aromas que refleja décadas de interacción entre la cepa y su entorno.
Preservar estas viñas viejas es un acto de compromiso con el territorio y con las generaciones futuras. En Terra del Priorat, consideramos que cada viña vieja es un monumento vivo que merece ser protegido y valorado.
La Mestressa: nuestra expresión de la Garnacha
Nuestro vino La Mestressa es un homenaje a la Garnacha del Priorat y a las mujeres que históricamente han sido las señoras de las casas y las tierras de esta comarca. Elaborado con Garnacha Tinta de viñas viejas plantadas en suelos de licorella, La Mestressa captura la esencia de esta variedad en su forma más pura.
La vendimia se realiza a mano, seleccionando los mejores racimos, y la elaboración combina técnicas tradicionales con un respeto absoluto por el fruto. El resultado es un vino que habla de su origen con una voz clara y emocionante: mineral, elegante, profundo y extraordinariamente expresivo.
Una variedad con futuro
La Garnacha vive un momento de redescubrimiento a nivel mundial. Tras décadas relegada a un papel secundario, ahora se la reconoce como una de las grandes variedades del mundo, capaz de producir vinos de una calidad y complejidad excepcionales. Y el Priorat está en el centro de esta revolución.
El cambio climático, paradójicamente, podría favorecer a la Garnacha, una variedad perfectamente adaptada a condiciones de calor y sequía. Mientras otras variedades luchan por adaptarse, la Garnacha continúa prosperando en las pendientes de licorella del Priorat, como ha hecho durante siglos.
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